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El silencioso arte de escuchar
Cómo aplicar la escucha activa para conectar con alguien

Hay un motivo por el que no preparo preguntas para mis invitados desde que decidí crear el podcast.

El motivo es que… soy un vago.

Vale. Esto era sólo parte del motivo. La otra cara de la moneda es que desde el inicio quería que las conversaciones se parecieran lo máximo posible a tomar un café con esa persona.

¿Y qué haces cuando quedas con alguien por primera vez y quieres saber más de lo que hace o quien es? pues escuchas y preguntas. Genuinamente.

Cuando tienes una estructura premeditada en la cabeza, no hay escucha atenta. Sólo estás pensando en cómo vas a hilarlo (como un niño chino fabricando camisetas del Zara) con la siguiente pregunta sin que sea muy brusco.

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¿Se puede decir que estés hablando con esa persona?

Si en una conversación las dos partes no están activamente escuchando porque tienen una agenda mental, poco tiene eso de «conversación».

¿Y qué agenda mental tenemos? Depende. Caer bien. Ligar. Hablar de nosotros. Vendernos. Vender algo. Salir de ahí porque tenemos que hacer otras cosas.

Pensadlo un momento.

Nos cuesta estar centrados en lo que alguien nos dice porque tenemos distracciones que nos atacan por todos lados. Un ruido constante en forma de pensamientos, notificaciones en el móvil, del mundo exterior o simplemente nos nubla el ego y sólo queremos ser escuchados sin escuchar antes.

Lo que es irónico porque lo que nos ha hecho humanos, ha sido precisamente… la comunicación en grupo.

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El salto social: La nueva ciencia evolutiva que explica quiénes somos, de dónde venimos y qué nos...
En el libro de The Social Leap se cuenta de maravilla. Me lo he leído ya dos veces.

Lo que pasa es que los humanos prehistóricos estaban hechos de relaciones sólidas. La comunicación perseguía un bien común que después se traducía en beneficio personal.

Con el tiempo el desarrollo de cultura nos ha llevado a menos relaciones personales sólidas y más relaciones fugaces con desconocidos.

¿En que se ha traducido esto?

En las redes sociales: conectados a todos pero atados a nadie ni a nada.

Plataformas con conversaciones lejos de ser personales en la que todo el mundo quiere mostrar su vida. Hablar de nosotros a todo momento.

Después nos preguntamos porque los estudios demuestran que las personas sólo están escuchando el 25% de una conversación. Stephen R. Convey lo resumió diciendo que:

La mayoría de gente no escucha con la intención de entender, sino de responder.

Lo que diga un tío calvo va a misa.

Pero lo que estos estudios y calvos dicen es que escuchar (de verdad) ahora ya no forma parte de la naturaleza humana.

No.

Ahora es una habilidad adquirida y no natural. Una habilidad que cada vez más estamos pasando por alto porque es más fácil comunicarse por mensaje que hacerlo en persona. Porque es más fácil decir que sentir.

Que queréis que os diga.

Sienta de p0ta madre hablar sobre ti y que alguien te escuche. ¿Por qué pensáis que empecé a hacer episodios sin invitados en el podcast?

cómic podcast

Era eso o ir a terapia.

Pero hay motivos de peso por los que querríamos escuchar activamente.

El primero es que con la escucha activa construimos relaciones sólidas y para toda una vida.

Se está de rechupete sudando de la gente, pero esas relaciones sólidas no sólo nos hacen felices sino que también repercuten en los años que vivimos.

Otro motivo podría ser tener un podcast como el mío, pero Doug Larson resumió mejor las razones por las que dedicar nuestras energías a centrar nuestra atención al 100% de lo que alguien nos está diciendo.

«La sabiduría es la recompensa que obtienes por una vida escuchando cuando hubieras preferido hablar.»

La espiral negativa de la comunicación

Nos personamos en eventos social, rodeados de gente hambrientos por hablar. Queremos ser escuchados, pero pocos están dispuestos a escuchar primero.

O aún peor.

Los pocos que estaban dispuestos a escuchar primero, después se encuentran como la otra parte no tenía esa predisposición y que sólo querían ser escuchados. Como nosotros.

Las amistades y relaciones interpersonales se van degradando en una especie de egoísmo social.

¿Podemos culpar una vez más a las redes sociales o a la transformación de nuestra cultura en los últimos años? ¿o ser malos en escuchar es un problema que nos viene de milenios?

Google no engaña. En España menos de 10 personas al mes buscan «como ser un mejor oyente» o «como escuchar mejor» en comparación con la de cientos que buscan «como expresarse mejor» o «o como hablar con fluidez».

Nadie busca «como escuchar con fluidez».

O somos unos puttos cracks escuchando o queremos ser escuchados mejor.

Si echamos la vista un par de milenios atrás, el mismísimo Aristóteles publicaba su libro «retórica» para poder argumentar mejor…

Pero nadie ha escrito uno que se llame «la escucha» o «el escuchador».

Lo que planteo es que si queremos mejorar nuestras habilidades de comunicación, ¿por qué centrarnos en la habilidad de explicar las cosas y no también en la habilidad de escuchar?

¿No es igual de importante escuchar que hablar? de lo contrario, ¿cómo aprendemos?

Lo sé. Diréis «Pau Ninja, yo escucho tu podcast. Esto es escuchar.»

No me refiero a este tipo de escucha sino a la escucha activa, en la que podemos ser parte de una conversación.

Qué es la escucha activa

La escucha activa se define como una habilidad que hace que la persona que escucha se concentre, entienda, responda y recuerde lo que le están diciendo.

¿Y por qué deberíamos querer mejorar nuestra capacidad de escucha? ¿ser buenos oyentes?

Por qué escuchar activamente

Personalmente (aún estando lejos de serlo) hay dos motivos que me motivaron a volverme un mejor «escuchador» (si la palabra existe).

  • El podcast
  • Mejorar mis relaciones personales. En general. Con familia, amigos, desconocidos, chicas…

En el primer punto pocos se sentirán identificados (no todo el mundo tiene un podcast), pero ¿quien no quiere socializar mejor? al fin y al cabo, las relaciones están en el centro del ser humano.

Es lo que nos hizo evolucionar: ser sociales y cooperar.

No debe ser casualidad entonces que los que tienen relaciones sociales más fuertes también vivan más tiempo y más felices.

Leí el caso de un psicólogo que tenía un paciente con problemas de pareja. Le contaba que un día:

  • Llega su mujer a casa y le cuenta un problema que tiene en el trabajo.
  • El marido la escucha y le da la solución que él cree que debería tomar.
  • Otro día la mujer le cuenta el mismo problema y el marido le dice «oye, ¿pero hiciste lo que te dije?» la mujer dice que no.
  • Otro día: exactamente lo mismo.
  • Al final el marido se cabrea.

Cuando esta pareja se divorció, llega el marido a la clínica y le dice al psicólogo «que ciego he estado».

«Pensaba que mi ex-mujer me contaba todo esto porque quería que le ayudar a solucionarlo pero en verdad lo único que quería es que alguien la escuchara genuinamente

Con la escucha activa podemos crear mucha conexión social con cualquier persona que sea con la que estamos interactuando, porque se crea un vínculo de comunicación humana real que es escasa en el día de hoy.

Cómo escuchar activamente

Lo bonito de la escucha activa es que se llama «activa» por una buena razón: no puede ser falseada.

Me refiero a que no puedes hacer ver que estás siendo activo en tu escucha pero en verdad no….

No.

O lo estás o no lo estás.

¿Y por qué no se puede falsear? pues porque está formada por unos componentes de comunicación que requieren de tu atención plena para usarlos.

La misma atención plena proporcional que recibirá la persona que te está hablando.

Prestar atención

El componente más obvio es el de «presta atención», pero aunque suena sencillo no es fácil de llevar a la práctica.

Prestar atención significa dejar a un lado todo lo que hay a nuestro alrededor, y no me refiero únicamente al móvil. Me refiero a mirar a esa persona a los ojos y centrar la mente a lo que nos está diciendo exclusivamente.

Exclusivamente.

Esto significa que ni siquiera podemos prestar atención a las preguntas que ya se empiezan a formular en nuestra cabeza. Ese acto reflejo de querer cortar lo que nos dicen con una pregunta o peor: una afirmación que corte el hilo.

¿Estás haciendo otra cosa cuando te vienen a hablar? no pasa absolutamente nada. Le dices «oye, déjame terminar esto muy rápido y así me puedo centrar al 100% en lo que me estás diciendo».

Nada manda un mejor mensaje de interés que una frase de este estilo. Claro que esto son palabras y ahora tocará hacerlo de verdad. Prestar la atención de verdad.

Por esto digo que entrarle a una chica por la calle es una práctica de mindfullness para mí. Porque es escucha activa. Es atención plena.

cómic chico entra a chica

No sé que sucede pero todo lo de mi alrededor se convierte en una niebla sin importancia.

Más de una vez me ha pasado que mis amigos me pasan por el lado mientras estoy hablando con una chica y ni me entero de lo centrado que estoy en la conversación.

Pero lógicamente no tienes porque estar ligando para escuchar activamente. Lo pongo de ejemplo porque ahí se mezcla la adrenalina y el miedo a ser rechazado.

Algo que lleva tiempo a mejorar.

Paciencia

Lo que nos lleva en el siguiente punto para ser oyentes activos: paciencia.

Interrumpimos y terminamos la frase de la otra persona constantemente. Algo que no sólo saca de quicio y dan ganas de matar, sino también es desconsiderado a más no poder además de que interrumpe el hilo de pensamiento del que está hablando.

La escucha activa es una práctica de paciencia y silencio para darle a la otra persona tiempo para ordenar sus pensamientos.

¿No os va de putta madre explicarle los problemas a alguien? cuando hay algo en nuestra mente que cuesta de ordenar, de las primeras cosas que queremos hacer es contárselo al mejor amigo o a alguna persona con mucha confianza.

Esto lo hacemos porque explicarlo, decirlo en voz alta, ayuda a ordenar estos pensamientos.

O sea que lo peor que puede pasar es tener a alguien que (en teoría) nos está escuchando, pero nos interrumpe. ¿Cómo vamos a ordenar la miierda que hay en la cabeza de esta manera?

Se trata de ceder el control y dar tiempo para que esa persona se desarrolle tanto como quiera.

¿En qué momento interrumpimos?

Aquí es cuando entra en juego el calibre social. Interpretar señales de lenguaje corporal, o cuando terminan directamente con una pregunta. Entonces es lógico que a menos que sea una pregunta retórica nos toca responder.

No juzgar

Otro de los errores que cometemos es prejuzgar sin (casi) darnos cuenta.

Cuando nos empiezan a contar algo acostumbramos a «imponer» nuestra realidad, o más bien, nuestra propia interpretación de las cosas sobre una historia o un suceso que aún no sabemos cómo se desarrolla.

O sea que un buen hábito para hacer una mejor escucha activa es «no juzgar». O más bien dicho «intentar no juzgar» porque seguro que juzgaremos en algún momento.

Lo que pasa es que la escucha activa y empatía están muy relacionados porque si se hace correctamente conectas con esa persona a nivel emocional y puedes empezar a sentir un poquito lo que siente. A ponerse en su lugar.

Hay muchísimos niveles de empatía o sea que no es fácil saber escuchar al otro.

Estamos juzgando continuamente y si os soy sincero creo que es el punto donde es más fácil fallar y donde más lo hago yo. Pero claro, aunque juzgues dándote (o no) cuenta no tienes porque mostrar, ¿no?

De todas formas es intentar hacer esto. Si siento que estoy juzgando, intentar ser más empático. Ponerse en las botas de esa persona.

Lenguaje corporal

Después tenemos el lenguaje corporal que es el componente de la escucha activa que viene antes a la mente.

  • Contacto visual: mirar a la otra persona. Bueno. Una mirada de interés, no de agresividad, claro.
  • Postura: la gente que se interesa por algo se acostumbra a inclinar o posicionarse en la dirección de donde viene la información.
  • Sonrisa: si te están contando como se ha muerto su gato que tenían desde niños la sonrisa no encajaría mucho, pero me refiero a tener una expresión facial que encaje en el contexto. Si estás escuchando de verdad se irá adaptando como si fuera Flubber.
  • Asentir con la cabeza: para enseñar que aprobamos, estamos de acuerdo, o sabemos lo que nos está diciendo.

Parafrasear

Otro buen hábito para estar escuchando activamente a alguien es parafrasear.

Es decir, reformular lo que la otra persona ha dicho para confirmar que estamos entendiendo lo que nos dice y que joer, lo estamos escuchando.

Pero no sólo sirve para esto, también porque si parafraseamos le estamos dando la oportunidad de retractarse si ha sido lo primero que les ha pasado por la cabeza, o también que expandan ese punto en concreto con más detalles.

Va muy bien para reenfocar la conversación en un punto específico. Lo bonito, es que este punto específico será decidido por el que habla. Será él que decida si quiere expandir o no si considera que es importante.

Recordemos que nosotros lo que estamos haciendo es escuchar. No somos el juez que decide en lo que hay que expandir y en lo que no.

Preguntar

Y en línea con esto el último componente sería preguntar.

Pero atención aquí.

Antes de preguntar es una buena idea dejar pasar un tiempo para intentar entender el contexto y para no decir lo primer que nos pasa por la cabeza.

Lo primero que decimos no acostumbra a ser lo que queremos decir. Y si no estás de acuerdo es que seguramente nunca has tenido una novia con la que te has discutido.

Las preguntas que hagamos determinarán el tipo de respuesta que recibiremos.

Por esto hay que ir con especial cuidado con esas preguntas cerradas y directas porque dan poco espacio para respuestas genuinas, en cambio preguntas más abiertas hacen que escuchemos activamente y a la vez que la otra persona se desarrolle con más libertad.

Incluimos componentes verbales de la escucha activa con preguntas genuinas que lógicamente encajarán con lo que nos están diciendo. Por esto preguntamos:

  • ¿Qué tal fue?
  • ¿Y cómo te sentiste?
  • A ver, ¿cuéntame más de esto?
  • ¿Qué quieres decir con…?

Fijémonos además que hay dos tipos de preguntas abiertas: descendentes y ascendentes.

Las preguntas ascendentes son las que relacionamos con valores y aspiraciones, del rollo: «¿qué te motiva a hacer esto?».

Las preguntas descendentes no son las preguntas que haces a tus hijos (descendientes…) sino las que se relacionan con un hecho concreto de tipo: «¿y qué tal las vacaciones o las ventas del año pasado?».

Ejercicios para aprender a escuchar a los demás

No puedo llegar a contar con el número de gente que he quedado para echar un café que no te hacen ni una sola pregunta. Sólo pueden hablar de ellos.

Quizás necesiten un podcast más que yo.

Quizás empecé mi podcast porque esta gente con la que quedaba no escuchaba y necesitaba sacarme algunas cosas del pecho.

Pero a este ritmo al final terminará todo el mundo con un podcast.

¿Sabéis cuál es la parte positiva de que cada vez estemos más en nuestra burbuja? que así hay muchas oportunidades para practicar nuestra escucha activa.

Como a la peña le encanta sólo hablar de ellos y pasar completamente del otro, es una situación ideal para practicar. Especialmente en la parte de paciencia, porque muchas veces te contarán milongas que no te interesan… y supongo que por eso hemos parado de dejar hablar a los demás.

Es una pérdida de tiempo escuchar cosas que no te aportan, ¿no?

E aquí el quid de la cuestión.

Queremos que nos «aporte algo de valor» en vez de parar y considerar que tal vez estamos aportando nosotros el valor a la otra persona, dejando que se exprese con nosotros y orden sus pensamientos gracias a la escucha activa.

La escucha activa se trata de hacer algo por esa persona primero. Lo demás ya es bonus.

Es verdad que podemos sacar mucha sabiduría de una escucha activa, pero digamos que tenemos los libros, los podcast, los artículos y un montón más de input.

Por esto reafirmo que la escucha activa es un componente social más que de aprendizaje, aunque obtengamos información como subproducto.

Es difícil conocer nuestras propias mentes y le estamos dando a una persona la oportunidad de ordenar sus pensamientos.

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